Las ganas de ser vulnerable…

Mi mejor amiga me hizo una «intervención» en el momento preciso. Usualmente soy yo quien hace eso para ayudar a otros pero está vez, esas 4 horas iban dirigidas a mí y estar del otro lado me sacudió por completo. Como toda buena amiga empezó lanzando flechas a mi corazón punzante para después abrazarme y darme su apoyo. Fueron horas de muchas lágrimas dónde cosas que no sabía que estaban ahí (o quizá sí, pero solo trataba de ocultarlas) salieron a flote. Todo inició como una conversación normal y terminó con un viaje a mi pasado y a las cosas en las que debo seguir trabajando de mi misma. He aquí un resumen para que no se me olviden.

1) Asumir que fracasé y que esa historia de una «ruptura madura» que he querido manejar no es mas que un mecanismo de defensa ya que la realidad fue otra. Que esos 4 años de relación fueron realmente un año de noviazgo agradable y mucho tiempo de negación intentando «rescatar» algo que se había perdido desde hace años.

2) Dejar de proteger la reputación de alguien que no lo merece. Los primeros meses de la ruptura, por ser una pareja que hasta cierto punto siempre estuvo en la «mira» de los demás sentí que debía protegerme del «qué dirán». Muchas veces hubo quiénes esperando una reacción colérica de mí me lo externaron, cuestión de tiempo antes de que ella le haga un escándalo público- pensaban. Incluso los más cercanos esperaban mínimo una temporada de despecho y despotrique hacia los hombres, canciones de desamor, cualquier síntoma de una reacción «normal» dadas las circunstancias. Pero, ¿Cuál fue mi reacción? NULA, CERO. En el instante preciso del impacto emocional alguien cercano a mí me dijo: «cómo eres una persona muy estable, lo vas a saber manejar bien» y tomé esas palabras como una excusa para reprimirme de todas esas veces que quise ir a gritarle la verdad a la cara tanto a él como a ella y acabar con ese cinismo. Por suerte mi autocontrol me contuvo y ahora eso ya no me importa.

3) Debo dedicarle mis lágrimas a quienes las merecen. Ante ese escenario empecé a cuestionar qué tanto del dolor que siento es ocasionado por esa relación fallida y que tanto por la «n» cantidad de situaciones no resueltas en mi vida. Fueron necesarias solo dos palabras para que las lágrimas me derrumbaran hace dos semanas, ese: «Los extrañas» englobaba mucho más que solo la tristeza pasajera de un amor fallido, era la tristeza que te cala en los huesos, de el amor más real que tuve y el deseo de que estuvieran aquí para guiarme, oírme y abrazarme. El dolor de sentirme huérfana porque mis padres se fueron pronto y la agonía que me inunda cuando pienso en los «cómo», que me lleva a esa necesidad de querer olvidar, no recordar, distorsionar. Bien lo dijo mi amiga: Justificando con amor a los que no lo merecen y deseando odiar a aquellos que mi corazón realmente añora con tal de no sufrir porque el dolor de lo primero es pasajero, pero el de lo segundo permanecerá toda la vida.

4) Mi vida necesita un nuevo enfoque. ¿Qué quieres?- me preguntó con seriedad. -Estar bien- respondí. ¿Bien con que objetivo? Y ¿Qué es estar bien?- preguntó- Simplemente no lo sé- Respondí. Quizá por eso me enoja reconocer que realmente no hay un plan aún. Qué voy a la deriva por la vida intentándolo y ya. Honrando a los muertos con mi vida y en ocasiones deshonrando a mi vida con deseos mortales. Esas ganas egoístas de no volver a abrir los ojos una mañana. Ese anhelo por ir donde están los que amo, sintiendome cómo Job: «Haz lo que desees con su vida pero a mi hijo no lo toques»-dijo Dios- mientras él, veía como todo se desmoronaba. Es lo que yo hago, pero lo intento pegar con pritt, porque en mi mundo perfecto dónde yo tengo el control no viviría más de 20 años y los planes solo serían requeridos hasta ese punto ¿Qué ha sido del resto de los años? improvisación basada en una estrategia (que irónicamente surge del mero instinto de supervivencia).

5) Debo ser mas agradecida y valorar. No vivo en el extremo de pobreza y carencia de las personas a las que suelo ayudar y por eso mi agradecimiento por lo que tengo es genuino, pero no debo recurrir a eso solo como un método de consuelo o un punto de comparación para ver que «no estoy tan mal» (que muchas veces es lo que hago). Tampoco puedo vivir como la mayoría de las personas de los círculos sociales donde me muevo, despilfarrando, buscando la mejor toma para Instagram y buscando status por medio de las situaciones o personas específicas. Pero estar enmedio y ver esas diferencias abismales me hace sentir perdida y enojada por tener tanto y a la vez tan poco (depende del cristal con que lo mire). Solo debo entender que tengo lo que necesito para lo que debo ser y hacer.

6) Fuera máscaras y mejorar la comunicación. Tengo un tiempo intentándolo, este blog es así, un intento por revelar un poco más de mí (al menos ante las personas que me importan) porque a veces doy por hecho que saben cómo me siento y que la forma en que digo lo que pienso es clara como el agua, pero no, nada puede ser más distinto de la realidad. Ya había hablado un poco al respecto ¿Cuándo perdí mi voz? ¿Cuándo me acostumbré a decir solo lo «correcto»? ¿Dónde cambié los ideales por la supervivencia? ¿En qué momento me callé y otros pusieron el discurso en mi boca? Ví está tarde en los ojos de mi amiga un coraje que me impacto, un: «se auténtica, esta eres tú, no lo que digan los demás» y TIENE RAZÓN.

7) Debo crecer personalmente para crecer espiritualmente. Es algo que me impactó al leerlo pero es cierto. No puedo «sentir» ese crecimiento espiritual si mi vida es un desastre sin pies ni cabeza. Si cada mañana «la culpa es de mi carne y esa es mi condena». Debo dejar de sentirme indigna y de minimizar mi amor por Dios (quizá así deje de llorar por sentirme en el ojo del huracán cuando me inviten a cantar en la alabanza de domingo y poder reaccionar como cualquier cristiano normal lo haría: con pleno gozo).

8) Todo lo que estoy viviendo ahorita es un medio para lograr cosas nuevas pero eso no lo hace desechable. Le decía a mi amiga que estoy harta porque he intentado todas las «aproximaciones» posibles para encontrarle pies y cabeza a mi vida (sin éxito) y en el camino siempre me lastimo. Pero al verlo desde su óptica no es así, puedo sentir que estoy «sola» pero realmente hay muchas personas a mi alrededor y aunque a veces no sienta que me aman o que me apoyan, sí lo hacen y mis decisiones les afectan. Ella me planteó el escenario de la huída cómo algo hipotético (aunque ya sucedió) y pude ver en sus ojos vidriosos una mirada inconfundible de: «no estas pensando en cómo me sentiría yo si te fueras lejos de aquí» no como una mirada de chantaje sino de coraje de su parte por estar valorando poco su cariño (que es uno de los más importantes que hay en mi vida) y el de los demás que como ella siempre han estado ahí. Disculpenme todos por pensar que el cariño de pareja que tanto anhelo vale mas que el de una amiga o un amigo.

9) Las cosas como las imagino son una fantasía inalcanzable, pero la vida real no es tan mala y debo aprender a vivirla. Somos expertos en generar mecanismos de defensa para no enfrentar nuestras emociones y evadir las situaciones que nos molestan. Desde mi óptica hay dos tipos de personas en el mundo: los sociales y los ermitaños. Unos recurren a las fiestas, la convivencia social y los otros a los libros, los videojuegos, las fantasías y demás. Yo suelo ser un poco de ambos pero en mis momentos de más ensimismamiento puedo ser más lo segundo y eso hace que siempre viva en una fantasía, esperando lo ideal, lo perfecto (y creyendo que puedo conseguirlo) como si yo misma tuviera que generar siempre ese halo mágico de perfección alrededor de mí y de mi vida que al final, termina por aislarme de los demás. Sin duda es un mecanismo efectivo (y generalmente inconsciente) pero no me vendría mal bajar a la realidad, asumir que ya crecí y que puedo aspirar a vivir de una manera feliz pero realista y sobre todo, en completa dependencia a Cristo.

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