Las ganas de amar (parte 2)

Les contaré una historia:

Durante mis primeros años escolares (de los 6 a los 15) estuve «perdidamente enamorada» del típico chico guapo. Alguna vez incluso me metí en problemas por el. Cuál fue mi sorpresa al crecer, que me dí cuenta que ese primer amor nos define muchísimo. Ese chico consciente o inconscientemente aumentó mis inseguridades al grado de odiar cosas de mi misma como mis lunares. Ese sería un modelo recurrente en mis relaciones posteriores (llegando a odiar hasta mi propia voz) ¿Que nos ocurre? ¿Por qué dejamos que otros nos influyan de esa manera? Algunos psicólogos le llamarían problemas de autoestima, pero no estoy tan segura. Hoy, 15 años después he descubierto que tiene que ver con expectativas personales y falta de paciencia. Les explico: mis expectativas personales siempre han sido casarme y formar una familia pero a veces la expectativa de encontrar al verdadero amor nos hace idealizar tanto a las personas que no tenemos la paciencia suficiente para esperar que la vida nos muestre quién será. Entonces nos conformamos con el chico guapo que odia los lunares. Hoy después de estos años de aprendizaje, lo único que puedo aconsejar, es que no dejen de aspirar al romance y el amor de una pareja…¿Y mientras?…Cultiva los demás amores que también son verdaderos: a tí mismo (autoestima por si las dudas), a tu familia, amigos y principalmente a Dios.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *