El camino profundo

Este es un fragmento de algo muy viejo. Cuando solía escribir cosas tan profundas en las que varias veces me ahogaba.

No he dejado de escribir porque no pueda,
para aquello siempre existe la ocasión.
Ni he dejado de cantar porque no quiera,
ciertas notas no entorpecen la razón.

Se encontraba entrenublado el firmamento,
había estigio transcurrir en el mirar,
y mi tierra, como ocurre mar adentro,
nunca estuvo lista para naufragar.

Navegaba como sáxea caravela,
condenada de hundimientos silenciosos,
cofundando alguna zona paralela,
sustituta de momentos hoy borrosos.

Sobrevino un lucífugo desvelo,
causa ajena de aquél implacable mal,
y bicorne, el futuro reto a duelo,
espinando poco a poco cual rosal.

Luego entonces redundancia de la vida,
vino el brillo, falso alarde celestial,
alimento con veneno que se olvida,
por la pura competencia intelectual.

Cuando pronto presentóse el rendimiento,
y ni el eco de otro triunfo lo impidió,
el belígero eslabón del sufrimiento,
a mi vida vulnerable conoció.

Sin haber sido siquiera el más profundo,
porque tiempo bueno fué en comparación,
por primera vez lloraba moribundo,
inhabiendo mediador sin intención.

No es que trate de llamar al menosprecio,
pero el álgido dador de soledad,
incrementa como siempre un tanto necio,
sentimientos de tal infantilidad.

Y llegó la fecha que el dolor aumenta,
desde siempre con la misma distinción,
donde lluvia de la célica tormenta,
reveló lo que indicaba la intuición.

Aunque fuese como todos me lo indican,
no fué pierio para la intranquilidad,
porque sólo primerizos se complican,
del dilema que les trae la realidad.

Tiempo justo ha tanscurrido desde entonces,
sin embargo hay cosas que no mencioné,
aparecen en el medio tantos onces,
que en efímeros detalles no entraré.

No me jacto de haber ido al lado oscuro,
ni tampoco de una falsa madurez,
pero creo que se ha roto mi conjuro,
y digan que es una ridiculez.

No hay entonces en mi voz más pretenciones,
léase todo con la forma de canción,
no pretendas confundir mis intenciones,
te lo escribo como forma de expresión.

Yo no se si las palabras son mi fuerte,
y no espero que lo juzgues al leer,
pero no soy sólo ese ser que te divierte,
también quiero que me puedas comprender.

Te presento a ti persona este boceto,
calendario de no nula vaguedad,
y aunque lejos estará de ser completo,
biografía es de quién te brinda su amistad.

Decidido está que undívaga es la vida,
no pretendo a ninguna comparar,
pero si de algo he de estar hoy convencida
es que nunca sabes qué vas a encontrar.

Tanto guarda cada quién sólo en su vida,
que mirífico es seguir siempre al caer,
cuando sientas que el vacío nunca termina,
nunca dudes que te puedes sostener.

Esta larga convención no es un poema,
por lo tanto te lo puedo compartir,
es la vida una consciente estratagema,
y por eso, ya dejemos de fingir.

Sólo el almo tiene acceso las repuestas,
para él todo sufrimiento tiene un fin,
¿Te digo algo que aprendí de las orquestas?:
«La historia suena cada quién con su violín.»

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