Las ganas de una experiencia sobrenatural…

Esta semana tuve una conversación sobre como a veces creemos falsamente, que solo través de una señal o experiencia sobrenatural podemos estar seguros que Dios nos habla. Sin embargo no es así ya que nos dejó su palabra para eso.

Lo extraño de esto es que, desde mi experiencia, las formas en que Dios nos habla son muchísimas y a veces sí resulta tan sobrenatural que asusta.

Recuerdo la primera vez que viví algo así, quería ver a alguien y venía por carretera pidiéndole a Dios que pusiera a esa persona delante de mí, y en una de esas situaciones inverosímiles, llego a la ciudad y vamos directo al hospital porque alguien muy cercano tenía una complicación de salud. Recuerdo haber pensado que ya había «valido» ese encuentro y cuando me acerco a la máquina de dulces lo primero que veo es a esa persona que quería ver, enseguida de la máquina de dulces porque tenía a un familiar hospitalizado.

La segunda ocasión que viví algo así estaba en mi clase de música, peleando como solía hacerlo con cierta maestra que me alegaba una «falta de compromiso» de mi parte ya que en su opinión dedicaba mucho tiempo a la escuela. Recuerdo sentir mucho coraje y haberle dicho enojada que me preocupaba por mi educación porque quería una beca al 100% (que no sabía si existía o no) en cierta universidad, donde unos años después la obtuve gracias a Dios. Pero en ese momento es un pensamiento que llegó de la nada, como si hubiera sido implantado ya que nunca lo había pensado antes. Realmente solo dije lo primero que vino a mi cabeza o un simple deseo inconsciente.

También tuve otro momento así, cuando un día decidí salir del lugar donde estaba e ir a esa universidad a buscar una beca o una forma de estudiar ahí. Al llegar a exponer mi caso, mostrar mi carpeta verde con diplomas y entrevistarme con la persona adecuada, me comenta que en dos días cerraban las aplicaciones para la primer beca 100% que esa universidad otorgaba.

En otra ocasión presencié la recuperación completa de una persona cercana con una enfermedad casi terminal.

También recuerdo haber sido «advertida» para tener cuidado al caminar en la calle y no ser atropellada después de que dos personas de mi familia llamaran asustados sobre una noticia en la radio donde habían atropellado a alguien con mi nombre.

Y que decir de aquella vez donde me hice gran amiga de dos personas que terminaron siendo familiares muy cercanos.

O la vez que me sentía triste porque mi padre no podría «leerle la cartilla» a un chico con el que iba a empezar a salir pero unos minutos después mentiras caminaba junto a se chico, nos topamos a alguien sumamente cercano a mi padre que le dió esa charla-regaño al pobre adolescente asustado.

O qué tal aquella vez que sin celular, sin hablar el mismo idioma y mientras estaba extraviada en otro país a punto del llanto y pidiéndole ayuda a Dios, salen a recibirme los dueños del lugar donde me iba a quedar ya que me había «rendido» a unos pasos de la puerta correcta.

Si todo lo anterior no fuese suficiente , la experiencia de esta semana es una situación aún más clara, por ello me tomaré un poco más para explicarlo.

Si leyeron las primeras entradas del blog, se habrán dado cuenta que hace un año tuve una desilusión amorosa (no entraré en detalles) pero involucraba al chico con el que salía y a una ex-amiga y compañera de escuela.

En aquél entonces, cuando el dolor era más fresco tuve la oportunidad de cerrar el ciclo con él diciéndole todo lo que sentía sin quedarme con nada adentro y genuinamente lograr olvidarlo por completo (para mí esa sería otra señal divina por si sola).

Tras esa ruptura, decidí enfocarme en sanar y volver a trabajar en una relación madura con Dios, ya que por esa relación sentía que mi vida espiritual se había «secado» bastante o daba mucho que desear.

Tras muchos meses de intentarlo, recuperé poco a poco la sonrisa, mi vida y la paz, sin embargo desde hace varios días había estado hablando com Dios para tratar de entender el por qué aún cuando intento que mi vida se desarrolle en su voluntad no había logrado recuperar la cercanía o esa «sensación» de plenitud que experimentaba antes de todo el embrollo amoroso.

Los eventos inusuales comenzaron a suceder cerca de mi cumpleaños cuando una amiga publica una felicitación en una de mis redes sociales con fotos que incluían a ese hombre que ya no estaba en mi vida, pero mi amiga no lo sabía porque vive lejos y teníamos un buen tiempo sin hablar a detalle. Cabe señalar que las borré inmediatamente así que dudo que alguien las haya visto (como para poder chismearle a la chica, ya que ni ella ni él están en mis redes sociales).

Un par de días después una amiga muy querida me cuenta que está atravesando una situación similar a la que tuve en aquél entonces, una especie de triángulo amoroso como aquél. Y su pregunta directa fue: ¿Cómo rayos pudiste manejarlo? Recuerdo que le contesté de la manera más honesta posible, haciendo hincapié en algo de lo que ni siquiera estaba consciente antes, en el hecho de que el dolor en un caso así no proviene solo de perder a una persona (el chico) sino a dos (el chico y la amiga). Mis respuestas me hicieron reflexionar pero no pasó a mayores.

Hasta después, ya que al día siguiente, de la nada, recibo un mensaje de un número desconocido y era nada más y nada menos que mi ex-amiga con una felicitación de cumpleaños. De entrada no supe que pensar ¿Por qué después de un año? ¿No la tenía bloqueada? ¿Cómo consiguió mi número? ¿Qué desea? ¿Por qué Dios la quiere más a ella que a mí? (En mi lógica, a ella le estaba permitiendo «expiar» su culpa, mientras yo me sentía extremadamente confundida y algo triste, una situación que no esperaba volver a vivir ¿Por qué quería volver a causarme dolor? ¿No tuvo suficiente? ¿Y por qué justo ahora? (Si justo el día anterior había entendido que quizá perderla a ella también me había dolido).

Lo que sigue quizá no me lo crean, pero pasó tal cual. Esa misma tarde tuve una videoclase de discipulado donde veíamos el amor incondicional de Dios y cómo no necesitamos hacer nada para ser amados, sin embargo, el tema central era Mateo 6:14, que habla sobre el perdón:

«Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.»

Si me siguieron hasta aquí, podrán entender que justo en ese momento me hizo click todo. No solo ella estaba siendo beneficiada al exponer su culpa y querer hacer las paces, era MI oportunidad para perdonarla (no solo ignorar la situación como lo hice por un año) y reconocer que eso era una de las principales ataduras que no me permitía «sentir» la plenitud en Cristo.

Hoy, que veo en retrospectiva, sé que eso me sanó, y que todas esas cosas que se dieron para que pudiera llegar a ese punto no son meras casualidades. Si alguien aquí, después de leer esto, sigue pensando que Dios no puede manifestarse y ser claro con lo que desea de nosotros, le invito a creer lo contrario, porque realmente aunque a veces no podamos verlo ¡Dios está obrando! Y con bien a los aue le teme

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