Las ganas de recordar por siempre.

Llegamos a la casa después de festejar año nuevo bajo los influjos de una gripa que nos tuvo en cama varios días.

No es que esta mañana al despertar nos emocionara tanto la idea, pero hicimos lo mejor que pudimos para sentirnos mejor, limpiamos un poco la casa, lavamos topa,  pedimos comida para no gastar la poca energía en eso, incluso hicimos un poco de ejercicio y luego nos alistamos.

Al principio pensaba quedarme sola un rato mientras mi esposo iba a las celebraciones pero luego, reflexioné un poco sobre el año que estábamos despidiendo.

No fue una reflexión muy profunda en ese momento,pero fue lo suficiente para poder salir de casa a convivir.

Si pienso en todo lo vivido este año, creo que el 2025 ha sido mi año favorito hasta la fecha… Por mucho.

Pasaron cosas padrísimas, empezando por el hecho de que me casé con el hombre más increíble que conozco.

Mientras dábamos gracias en familia y orábamos pensé en la dicha que existe en tener una familia, algo que hace mucho tiempo no vivía.

Dios hace nuevas todas las cosa y lo nuevo siempre es mejor que lo anterior. Evidentemente no es igual, no esperaría que lo fuera, no es equivalente tampoco ni es «en sustitución de» solo es algo nuevo y ahí es donde está la belleza de la vida.

Hace unos días mi tía me entregó un sobre con fotos antiguas que dejé en su casa (imagino que de mi época escolar, de algún día que estaba haciendo una tarea). -Son tu tesoro- me dijo, y, razón tenía, son un pequeño tesoro que me recuerda de dónde vengo.

Casi no me reconozco en esas fotos, ni siquiera recuerdo esos momentos, es como ver la vida de alguien más, pero no, era yo. Era la risa de la infancia, la inocencia de una foto escolar,la mirada de dolor de los años de adolescencia, una foto con alguien que ya no está, una foto con alguien que casi se va, otra de dos personas tan lejanas y a la vez tan familiares… Ecos del pasado.

Remover esos recuerdos trae cosas extrañas, cada vez es menos el dolor y más la alegría, tal vez por esa nueva vida que ahora tengo.

Si alguien me hubiera dicho que este año que paso sería tan duro y tan especial: planear una boda y casi cancelarla, hacer varios viajes incluida una luna de miel, cambiar de equipo más no de trabajo, habilitar un nuevo hogar, dejar ir personas que en su momento fueron importantes y recibir algunas nuevas, una en especial que usa mucho la «U».

La vida sin duda es misteriosa, no es un ciclo, no es una montaña rusa, no es el surco, ni siquiera estoy segura ya de que sean las ganas de ir.

El Camino, la Verdad y la Vida, así con mayúsculas me ha transformado tanto que quizá era hora de volver aquí. Sin temor, sin dolor, con un nuevo comienzo.

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