Las ganas del combustible correcto
Hoy platicaba con el que podría decirse es mi profesor favorito.
Digo que «podría decirse» porque nunca me dio clases, pero he podido platicar varias veces con él y no solo es una persona inteligente y capaz sino con gran calidad humana.
Como una persona que ha estudiado en Universidades de la Ivy League tiene una visión global de muchas situaciones y problemáticas. Pero como buen ser humanos, buen esposo y padre de familia, sabe ser un ejemplo para quienes tiene a su alrededor.
Hablar con él siempre es un deleite porque se apasiona de los temas de los que habla y busca motivarte a qué tú también veas la vida diferente.
Hoy fue la primera vez que hablé con él como «colegas» y no como alumna-profesor. Y me sorprendió demasiado nuestra charla.
Hablábamos sobre cosas que se pueden hacer para mejorar nuestra ciudad, sobre las barreras que lo impiden y lo complicado que es compartir una visión a las personas que piensan más en sus intereses personales que en el bien común.
Le comentaba sobre un proyecto personal y lo emocionante que era. Le brillaron un poco los ojos y me comentó que le daba mucho gusto ver ese idealismo…Luego prosiguió.
«Yo antes era así, ¿Sabes? Pero uno se cansa a veces de que las cosas no cambien». No lo decía cómo alguien que espera que el mundo mejore por si solo, sino como un «habilitador» de mecanismos y conector de personas que ha sido defraudado muchas veces y cuya visión quizá aún es muy grande para este pueblo chico.
Su gran calidad de persona, como siempre, se dejó ver en esa escena cuando me dijo lo siguiente: «Estoy un 99% desanimado de las nuevas iniciativas… Porque generalmente no llegan a nada, pero por ese 1% que aún me queda, cuenta conmigo en lo que pueda apoyarte en lo que pueda»
Y se que lo dice en serio. Tanto lo del 99% como lo del 1%.
En menos de dos días pude notar tanto en la mirada de mi madre como en la de ese hombre visionario, el mismo problema… Una sociedad apática o enferma relega a los que tienen la iniciativa o los principios.
En un país donde 100 perros caen en ácido «por accidente» en el relleno sanitario, donde las personas que exigen justicia son calladas a la fuerza y dónde vale más tener buenos contactos que buenas intenciones…
Es necesario replantearnos cuál es el combustible correcto… ¿Qué nos motiva a hacer lo que hacemos?
Jesús nos dijo: «Es mejor que ustedes sufran por hacer el bien, si Dios así lo quiere, que por hacer el mal”.
(1 Pedro 3:14-17) pero también nos dijo que a pesar de la aflicción debíamos confiar porque Él el ha vencido al mundo (Juan 16:33) y esa es una de las promesas a las que nos aferramos las personas así.
Si el combustible que mueve a las personas valiosas son los ideales de un mundo mejor… Entonces pueden llamarnos ingenuos o idealistas pero seremos las flamas que más arden. Y flama que arde, también alumbra…