Las ganas de enseñar.

Esta nota tiene un doble propósito, es para explicarles un poco a mis 5 lectores favoritos sobre el proceso que estoy viviendo ahorita y es para tener a la mano un texto simple al cual recurrir cuando quiero tirar la toalla.

Hace años leí un poema que me encanta que se llama «No claudiques» de Rudyard Kipling y desde entonces ha sido uno de mis textos favoritos para días como hoy (es la «Galera sombría» de mis días de stress).

Hoy estuve pensando en dejar mi trabajo en la secundaria por algunas razones que me reservaré (quizá después pueda explayarme mas), pero encontré algunos versículos y notas que me parecen muy importantes.

La primera idea es que para que mi enseñanza sea eficaz debo de reforzarme a mí misma a través del contacto con Jesús. Algo que leí decía «Si quieres impactar debes pedirle a Dios que te impacte primero». Aunque parece lo más obvio por hacer es lo que más cuesta trabajo. Pareciera que hay una doble vida en la que lo perteneciente a la Iglesia es espiritual y el trabajo es secular, cuando en realidad incluso el trabajo secular debe ser realizado para Él Señor y no hay nada más espiritual que involucrarlo en lo «cotidiano» como una buena amiga me menciona seguido. Entonces, quizá todo empieza ahí, con esa oración que debo hacer antes de cada clase y esos momentos de dirección que me da Jesús en nuestros momentos más íntimos.

Lo otro que me gustó leer fue una frase que dice: «Cuanto mas viejo el violinista más dulce es la melodía». No me considero vieja, al contrario, pero el sentido de la frase es el nunca dejar de aprender y continuar practicando. No sé qué tanto debería «aguantar» pero sé que todo mejorará si Su voluntad para mí es esto.

Tengo mucho que reflexionar y orar pero mientras tanto debo proseguir a la meta (Filipenses 3:14), que para este caso en especial es el 15 de julio.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *